Apuramos el último suspiro, de la última noche, del último
verano.
No me arrepiento de nada, no me arrepiento.
Todos aquellos instantes,
como refugios en mi
mente,
salvavidas son.
Sutil aparición, a veces te insinúas,
tu mirada alocada, desnuda.
Inútil es domar las riendas de mis penas.
Aguja de amor, la droga más pura.
Presos de una relación furtiva,
administrada en pequeñas dosis.
Camino solo, siguiendo tu estela a la deriva,
fuente de inspiración, eterna crisis.
Inevitable naufragio hacia tu pelo,
como segundos de arena, estoy cayendo.
Anciana y cansada escuchaba la luna,
siglos de promesas, ella siempre muda.
Incesante viertes en mi boca,
ajeno al dolor de tu pecho,
todo el elixir de tu lengua,
adicto al veneno me has hecho.
Invocando a todos los dioses,
arrodillado, sumiso, les ruego;
que alejen tus huesos de mí,
y al mismo tiempo, entierren mi cuerpo en tu lecho.